domingo, 25 de marzo de 2012

La revolución

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.
Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.
Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido
mi posición favorita.
Pero al cabo de cierto tiempo, la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que
puse la cama aquí y el armario en medio.
Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista.
Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por “ese cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en medio
también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario.Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites.
Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los
dolores de columna.
Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez, “cierto tiempo” también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio -es decir, el cambio seguía siendo un cambio-, sino que al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio,
pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó
tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.
Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario...


Slawomir Mrozek

sábado, 24 de marzo de 2012

techo de menos

Tenía esa foto guardada en el portátil.
Y hace dos noches leí esa frase en algún tweet.
Las uní.
Y ahora creo:
- Que la frase es un poquito mejor.
- Que la imagen es un poquito mejor.
Una gracias a la otra, y viceversa.

sábado, 17 de marzo de 2012

com

Yo sé que no sé demasiado de mucho.
Puede que a lo largo de mi vida me haya sentido sabia sobre uno, dos o quizás tres temas o asuntos.
Y en alguno de ellos fallé.
También aprendí de mis errores.
Sé que proclamé frases, que hablé de moral, que juzgué sin saber, que me precipité en mis palabras, que fui injusta en mis sentencias, que fui ignorante y peor aún prepotente.
Que cada persona es un mundo, y que cada cosa también lleva a su contrario.
Que la libertad, en un abrir y cerrar de ojos, se puede convertir en una jaula.
Puede que peque de ilusa, de hecho no es la primera vez que me sucede, pero de veras que creo en esto.





Hasta lo más simple es perfecto, adorable Y romántico con ustedes.
No soy capaz de imaginarlo de otra forma

jueves, 15 de marzo de 2012

Hay directos buenos, directos jodidamente buenos, y luego, está esto
:



domingo, 4 de marzo de 2012


He vivido muchas cosas y ahora sé lo que se necesita para ser feliz. Una vida tranquila y alejada en el campo, con la posibilidad de ser útil a otras personas con las que resulta fácil hacer el bien y que no están acostumbradas a que las ayuden. Quizá un trabajo que sea de algún provecho y luego descansar, la naturaleza, libros, música, el amor al prójimo... esa es mi idea de la felicidad. Y para culminar todo lo anterior, que usted fuera mía y que tuviéramos hijos tal vez. Qué más puede desear el corazón de un hombre.
L. Tolstoi