lunes, 19 de noviembre de 2012

I record only the sunny hours

Si hablamos en función de fracciones, me sitúo en lo que ojalá fuera 1/5 de los días que me corresponde pasar aquí. Cuando eche la vista atrás, con ojos varias decenas de años más viejos, recuérdame cómo era cuando entré en la veintena.


Me gusta la vida bajo el sol. Me gusta cuando mi padre me despierta tocando al piano una canción que le mostré la noche anterior. Me gustan también los aeropuertos con sus idas y venidas y viajar en avión. Cuando asciendes como contándome las costillas. Bajar corriendo las escaleras de caracol de mi escuela a la salida de un examen. Siento una inexplicable debilidad por los viejitos con boina y pañuelo en el bolsillo de la chaqueta. Subrayar citas en los libros que leo. Y de entre estos últimos, siempre preferiré cualquiera de Benedetti. El carmín, el encaje y la ropa de hombre. El olor a bebé. Y a jazmín. Y a café y tostadas a la hora del desayuno. El pisto de mi madre. La tarta de queso de mi abuela. Enfatizar con "jodidamente". Hacer algún que otro graffiti. Me gusta repetir las cosas, hasta la saciedad. Hacer muchas cosas, sin bostezar. Correr. Los anuncios. Los juegos de palabras y el Scrabble y el Rummikub. Las fotos sin flash. Las botellas a modo de floreros. El pitido cuando se ha superado la altura de despegue. De entre todas las salsas, elegiré el pesto y de entre todos los colores, el azul. Sin duda siempre el azul. Y por extensión, el mar. Ejercer de copiloto. Responder con un "no hay de qué" a un "gracias". El momento en que una montaña rusa se empieza a mover. Cuando las luces se apagan en un concierto. Las live version y los bonus track. La forma en que guiñas el ojo izquierdo. Ver a un niño haciendo algo que le enseñaste. Meter la nariz en el bote de café e inspirar. Llorar de risa. Cuando dos son uno. Lo extraordinario del correo ordinario. El detalle. Decir la verdad.


Y a esto y a otras tantas cosas que podría añadir mientras imprimo los apuntes de la clase de metales de mañana, permíteme concederme la licencia de demorarme en alguna que otra trivialidad más. Decirte que resultaría un tanto incongruente ser supersticiosa habiendo nacido un martes 13. Que mi mancha de nacimiento es blanca. Que tengo fobia a las agujas y el único análisis de mi vida me lo hice este último verano y lloré como una cría. No entiendo de término medio ni de medias tintas, dictamino entre "es absurdamente genial o es una mierda". Me enteré de la existencia de los dos personajes ilustres que me hubiera encantado conocer el día en que murieron. Siempre voy con el tiempo justo pero nunca soy impuntual. Hice daño, prejuzgué y pequé de ignorante. Y pienso que tengo mucho más que cuanto merezco y tanto más que no sé apreciar.


Por último, recuérdame que entré a la veintena con el corazón latiendo a revoluciones elevadas, y que si por casualidad paseabas por Pintor Rosales de madrugada en una noche de inicios de octubre, quizás te habrías dado cuenta de la presencia de dos jóvenes que llegaban a la fiesta con una ingenuidad de corazón que les servía de entrada.

Y recuérdame siempre en las horas soleadas. Haz que lo sean.



(son todos los que están, pero no están todos los que son)




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