martes, 27 de septiembre de 2011

ruby tuesday


y también, aunque solo sea a veces, recuerda
que ella te puede prestar incluso más de lo que tiene.
Incluso si aún no lo posee.



EL DÍA QUE SIENTAS ASCO DE TU PROPIA PASIVIDAD, ESE DÍA TE CONVERTIRÁS EN ALGO ÚTIL

sábado, 17 de septiembre de 2011

go forth



OH, THERE IS A LIGHT AND IT NEVER GOES OUT

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Saavedra


A decir verdad no sé con exactitud el momento en que Marta apareció, tuvo que ser algo sutil, un azar simple, sin hacer ruido, sin ninguna noción previa de lo que luego llegaría a representar ella en mi vida. Haciendo memoria, el primer recuerdo suyo que tengo se remonta a primero de primaria, en la guagua del colegio, dando saltitos en el asiento a ritmo del disco estrella o caribe mix del momento. Eso era cuando éramos dos crías, una morena y una rubia, que aún somos y seguiremos siendo. Al poco y de golpe y porrazo ella, con su sonrisa y sus maneras y el rastro de energía que deja tras de sí, ocupó mi infancia a tiempo completo. Meriendas, vestidos de flores y petos vaqueros, el idioma secreto que inventamos y las coreografías improvisadas en su salón, películas y libros, tardes en la playa, en el cine, cursillos de tenis, de hípica y natación. Absolutamente todo a medias.
Es inevitable que se me escape una sonrisa con todo lo que hemos vivido. Cuando estabas enferma y yo te llevaba los deberes a casa. ¿Te acuerdas? Siempre has odiado las matemáticas. Cuando comíamos esos caramelos de violetas en tu coche, y jugábamos a coger curvas. La vez que te llevaron de sorpresa a Disney y le trajiste un despertador al profesor. Todas las Navidades que hemos preparado el árbol juntas. Tu risa cuando dicen "hipopótamou" y cuando nos daba por hacer tartas de chocolate con galletas. La gente pensaba que tú eras la hija y yo la amiga cuando íbamos con mis padres. El viaje a Fuerteventura y lo mal que te sentó aquel caldo. Y cuando viajaste desde Madrid por mi cumpleaños.
Quizás puedan pensar que somos iguales. Y es entonces cuando sus ojos castaños y mi mirada azul se encuentran, y sin necesidad de palabras se entienden y cómplices, sonreímos las dos y soltamos : "nah". Tenemos miles de cosas diferentes. Sus letras y mis ciencias, sus comedias románticas, sus series policiacas y mis películas a las que ella llama "raras", sus mojitos y mis cervezas, sus estampados de mariposas y los míos de caballitos, su sushi y mis nankimas. Distintos prototipos masculinos, sabor de helado, gustos musicales, acento, ropa y piel. ¿Pero sabes qué? Jamás le he dicho que no a nada, y viceversa. Y no por motivos de deudas ni embargos. No te puedes imaginar cuánto reconforta saber que puedes contar con ella para todo, sin importar el momento ni el lugar. No hace falta casi hablar para saber lo que la otra necesita. "It´s sweet when someone knows every single detail about you. Not because you constantly remain them but because they pay attention." Por eso me da igual haber visto cien veces Orgullo y Prejuicio (versión india y series incluidas), oírla hablar sobre lo que pasó en el último capítulo de 24, la canción de La Húngara que tenía de tono de llamada y las tantas de flamenco de su ipod, lo lento que come y cuando le da por añadir "p**o" delante de cada palabra cuando se enfada, sus pequeñas impuntualidades, los abrazos que sustituye por palmadas en la espalda, su pasión por Colin Firth y sus borracheras y resacas. De hecho me alegro de haberlo hecho, de conocer la historia que lleva a sus espaldas; y sus sentimientos, sus miedos y los motivos por los que ríe o los que llora. Y me alegra más aún tener la certeza de que ella haría lo mismo de mí.
No es cuestión de simetría ni de contrarios. Es complementariedad.
Y no es hija única. En mi DNI olvidaron poner Saavedra, y en el suyo García.






Esto es un pequeño anticipo de nuestro
futuro gran viaje a Australia.

Feliz cumpleaños Saavedra
Jodidamente te quiere
Nuri

domingo, 11 de septiembre de 2011

naked kids

Todo empezó cambiando las coordenadas.

En resumidas cuentas, menos Norte y más Sur. 1780 kilómetros y un salto de huso horario. Antaño se ganaron el sobrenombre de Afortunadas, esos siete puntos que lucen sus cumbres en el seno del Atlántico. Peinadas por los Alíseos, donde la suavidad de las playas de fina arena se da la mano con lo escarpado de los acantilados para bordear los relieves de volcanes. Y recibir al mar. Ese inmenso azul que es más que alianza y libertad, y que tanto se extraña distinguir cuando ves a los atardeceres correr tras los horizontes plagados de rascacielos de Madrid. Y aunque mi isla peque de ser "gran", puedo asegurar que en el corazón de sus habitantes nunca cupo tanta humildad y que un abrazo nunca acogió tanta hospitalidad. Que nuestros labios se deshilachan en eses y que con su permiso diré ustedes, que no vosotros. De sonrisas dóciles, placeres sencillos y andar pausado, que las prisas nunca fueron buenas. Que nacimos entre murmullos de palmeras, fruto de pasión y amores sinceros, de atardeceres en la orilla y manos que se entrelazaron en las avenidas; y encuentros en las plazas y helados y cervezas que siempre saben mejor a medias. Y he aquí lo que somos. Calor, dulzura y sal.

Es verdad lo que dicen. En Canarias, una hora más de felicidad.

Lo de que las bicis son para el verano. Eso fue cierto. Nadé en el mar, en piscinas y en cascadas. Bebí copas de más, perdí la cuenta de las cervezas que brindé y los motivos por los que lo hice, pero sé que dije verdades de borracho. Vomité, me empastaron una muela y varias cicatrices engalanan ahora mis talones. Creo que no lloré. Compré regalos, mandé postales que cruzaron el océano, asalté coches sin éxito, fui al bingo y tampoco gané nada. Estuve en mitad de una pelea, hice graffittis, perdí algunas amistades y gané otras. Pasé más de 17 horas volando, y otras tantas en coche por carreteras donde el límite era 130. Aunque mejor no difuminar los paisajes con el acelerador, el verano por sí mismo parece irse en un suspiro. Y sus lágrimas de san Lorenzo con sus noches. Esas noches que se fugan entre sábanas bajo las que se entrelazan cuerpos que saben a sal. Cociné crepes, merendé cientos de helados, subí a lo más alto de Venecia y de Florencia, caminé entre campos de girasoles, navegué en vaporetto. La agradable sensación de levantarse a las 11, argumentando que a las 10.30 aún es de madrugada. Buenas compañías, buenas risas y abrazos que hacen olvidar tiempos y distancias.

Y siempre siempre pensé en esta canción



































y siempre que sonó me acordé de ti
(Verano 2011, julio-4 septiembre)