miércoles, 6 de julio de 2011

cristina



Que la vida tiene sus vaivenes, sus altibajos, eso ya lo sabíamos. Que en verdad lo único que podemos hacer es descubrir el milímetro del universo que nos tocó en suerte. Y ya, entonces, ver qué hacer con la circunstancia que muchas veces no buscamos sino que nos encontró.

Una de esas circunstancias se llama Cristina. Te podría decir lo que le gusta comer, el helado de menta y chocolate que se pide siempre en gelizia, la forma en que aparta las verduras de la carne del chino, las papas lays con zumo de melocotón después del gimnasio, las pizzas de lasagna (sin los bordes), los bocadillos de alioli a media mañana, el queso cheddar (sí, nunca dejará de estar enamorada del queso cheddar). Te podría decir lo que le gusta de ropa, la forma en que salta(mos) al ver un special prize, cuando misteriosamente tiene su armario de ropa prestada por todo el mundo, la voz que pone cuando me va a pedir un vestido. La puedo reconocer a leguas por su forma de caminar, y la manera en que se peina el fleco. Y cuando fuma, cuando tose, cuando le dan ataques de hipo. Casi podemos terminar las frases una de la otra. Sé las canciones que le gustan, las películas, los libros. Sabemos nuestros sitios, nuestras señales, nuestros gestos, nuestros mensajes.
La he visto cantar, la he visto sentir, la he visto llorar, la he visto sonreír, hacer el payaso, ponerse morena, la he visto en forma, la he visto enferma. Creer, crear...
A la única a la que esto corresponde sabe mis formas y mis maneras. Sabe que podría seguir durante muchas líneas, pero que estoy agotada, que es mi primera tarde de verano y transcurre entre cajas de mudanza. Y sé que son algunos minutos más tarde, pero no pasa nada. Es como cuando una se retrasa cuando quedamos en Venegas (vía gps)... te pones música y miras a los pajaritos ;)

Gracias por estos años, desde aquella casualidad de Glotina, y todo lo que vino después.


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