lunes, 12 de abril de 2010

GENERACIÓN DEL 92

Queridos Padre Director General, profesores, personal no docente, padres y madres, alumnos, amigos todos.

Nos parece casi imposible que haya llegado este día, para algunos descrito como el primero del resto de nuestras vidas, para otros como un paso más en el largo viaje de nuestra existencia. Nos sentimos diferentes de una forma u otra, pero vamos en la misma dirección, solo que cada uno por un camino diferente. Si rememoramos todos los momentos que hemos experimentado, nos sorprenderemos de la cantidad de pequeñas aventuras que hemos superado juntos y nos daremos cuenta de que la vida solo tiene sentido yendo hacia atrás, pero hay que vivirla hacia delante. Hay que ser valiente ante el futuro, por muy incierto que nos parezca; hay que saber superarse en esta extraña realidad llamada presente y sobre todo, saber valorar nuestro pasado, lo que fuimos y lo que siempre seguiremos siendo. Así pues, nos sorprenderemos evocando cómo empezó todo, puesto que esto es lo único que nos viene a la mente esta noche: NUESTROS RECUERDOS.

Pero antes, permitan transmitir una gran verdad: la grandeza de la vida no se puede medir. Lo realmente grande es vivir y lo realmente maravilloso es compartirlo. Y aunque estuviésemos en este mundo un millón de años, no dejaríamos de fascinarnos. Queremos recordarles todo aquello que sabíamos a ciencia cierta cuando éramos pequeños, y que tal vez ahora no tengamos tan claro o el miedo ante lo nuevo no nos lo permita ver. Administremos los días que tenemos en el bolsillo, nuestra vida no se borra, así que aprovechemos cada una de sus etapas.

Para muchos de nosotros, todo empezó en Canalejas, con miradas limpias, sin traiciones, cuando la consabida frase "¿quieres ser mi amigo?" llevaba a horas de juegos. Aprendimos a leer, a escribir y con inocentes vocecillas comenzábamos a emitir conceptos que nos parecían adultos y coherentes; los coherentes adultos, por su parte, los celebraban. Luego llegó Tamaraceite, con el arco y el comedor, el teatro y los patios, las Olimpiadas, las convivencias, las excursiones y un largo etcétera. La última parada ha sido Rabadán, donde nos hemos reunido todos los que estamos aquí y donde hemos empezado a comprender lo que significa elegir, decidir y renunciar para conseguir nuestras metas. Son infinitos los instantes que nos vienen a la mente cuando hacemos un recorrido por nuestra infancia y adolescencia; pero lo que realmente lo convierte en especiales es que cada uno guarda los suyos propios. Lo que hace inolvidable y lugar son nuestros ojos, lo que hace inolvidable un momento es nuestra actitud. Y entonces, cuando vemos fotografías de nuestra niñez, vemos que nos evocan amor, lealtades, afectos, simpatía y no las podemos olvidar. Como diría aque sabio, hay veces en las que basta un instante para olvidar una vida, pero, en ocasiones, no basta una vida para olvidar un solo instante.

Echando la vista atrás, debemos reconocer que el camino no siempre ha sido sencillo. No han sido pocas las veces en que nos hemos encontrado ante la incertidumbre, la soledad, la tristeza y otros inconvenientes y adversidades. Y si hemos conseguido superarlas, basta con entornar la cabeza en esta sala para darnos cuenta de quiénes son los que siempre han estado ahí para ayudarnos ante cualquier circunstancia.

Gracias a todos los profesores y al personal no docente. Gracias por su sencillez y su esfuerzo, cómo enseñan, cómo abren las puertas de su vida y nos regalan las llaves para que abramos la nuestra. Por no vernos como meros alumnos, sino como personas. Deseamos haber adquirido una pizca de ese criterio y encontrar la oportunidad de ponerlo en práctica. Por encima de todo, gracias por habernos inculcado no solo cuestiones académicas, sino una lección de vida.
Gracias a los alumnos que nos encontramos hoy aquí. Gracias por todas las sonrisas compartidas, por las aventuras que hemos vivido juntos y nuestras pequeñas locuras. Gracias por haber ofrecido un hombro cuando las cosas no iban bien, por haberse puesto en lugar del otro, por nunca dejar a nadie solos. Gracias por no ser simplemente compañeros de mesa, sino verdaderos amigos.

Asimismo, gracias al departamento de pastoral, a San Antonio María Claret, nuestro querido Padrito y al Corazón de Máría, por la enseñanza cristiana que nos han ofrecido, por acercarnos a la realidad del mundo e inculcarnos la iniciativa de lograr un planeta más justo, comprometido y solidario. Por no abandonarnos y haber creado entre nosotros un sentimiento de comunidad, por ser un modelo a seguir.

Gracias a nuestros padres, por su incombustible cariño, su consejo, su comprensión...por aceptarnos tal y como somos, por darnos ese abrazo hasta cuando sabemos que no lo merecemos. Por animarnos a luchar por nuestros objetivos, por respetarnos y enseñarnos a respetar, por los valores que nos han aportado. Gracias porque no importa la edad que tengamos o la ciudad donde vivamos. Ellos siempre serán papá y mamá.

Perdonen por no haber sido precisos; las palabras empequeñecen ante lo sentido.

Ahora entramos de lleno en una etapa totalmente diferente, repleta de nuevos proyectos y expectativas. Puede que algunos vayan a estudiar fuera y otros se queden aquí. Viajar y conocer, engrandecer nuestra alma, no está relacionado con el olvido. La vida es un viaje de ida y vuelta , y nosotros seguiremos siendo los mismos, pero más grandes, más ricos en experiencias. Por eso no nos olvidemos de tener bien cerca pedazos de nuestros recuerdos, seamos optimistas y aprendamos del ayer, valorando nuestro esfuerzo y el de los demás y conservando nuestra identidad claretiana, que nos hará únicos, dotando el camino recorrido de paz, amor y solidaridad.

Luchemos por cumplir nuestras metas, el simple hecho de haberlo imaginado implica haber realizado ya la mitad de ese sueño. Creemos nuestro propio lema. No nos sintamos frustrados si alguna vez nos sentimos perdidos, o si las cosas no resultan como habían sido planeadas. Nunca es demasiado tarde para ser quienes queramos ser. No corremos una carrera a contrarreloj, el tiempo lo dispone cada uno. Esperamos haber aprendido de los errores del pasado y nos sirva para ser mejores. Ansiamos ver cosas que nos asombren, que nos fascinen. Ojalá experimentemos situaciones que nunca antes hayamos sentido, y que conozcamos a gente con un punto de vista diferente. Pero lo que más deseamos es gozar de una vida que nos enorgullezca, sin retroceder ante la adversidad. En tal caso, que tengamos el coraje de mirar al futuro con valentía, empezando de nuevo.

Así que, como decíamos, esta noche no podemos más que sonreír al evocar estos recuerdos. Solo cabe agradecer a todos aquellos que han formado parte de esta enorme familia su entrega para hacer posible el sueño de todos.

En este breve aprendizaje de la vida en nuestros apenas 18 años de experiencia, creemos haber comprendido pues, algo sencillo pero más complejo de hallar:

LA FELICIDAD SOLO ES REAL CUANDO SE COMPARTE

Muchas gracias , buenas noches.


Nuria García Álvarez de Sotomayor

Nota: en el momento en que lo leí, improvisé una pequeña dedicatoria, que más o menos decía así: "La última frase de mi discurso me la enseñó alguien muy especial para mí que en estos momentos esta en Uruguay; y él y todos los que estamos aquí esta noche me han demostrado si significado"

2 comentarios:

  1. lo tuyo es increible! ya sabes que me encanta
    xx

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  2. me emocioné mucho cuando lo leíste!
    (L)

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